3 jun. 2014

VISITAS AL EDÉN

Éramos el tiempo cuando el tiempo sabio era,
cuando no era cuestión de tiempo la eternidad,
luego fuimos aves voraces de vuelos y vuelcos
llenas de furia por la sinergia de consumirnos,
de merendarnos a la luz suave y roja del siglo
en el que las prosas eran inviernos, y éstos
a su vez querían ser poesía como nosotros,
en un momento llegó la hora de redimirnos,
de expulsarnos del espanto, abrirnos al suicido,
de temer sin miedo al temor de poder abatirnos,
luego la humedad regresó otra vez a confundirnos,
a extraviarnos del perdón sin tener un juicio
girando a los principios del verbo mismo.

Entonces y ahora otra vez los más impuros,
los que no callaron y nunca concluyeron,
de los que una mano se convierte en enredadera
y la prisión de los bardos en pandemia sin nombre
los que no eran laicos más bien soberbios,
bastardos sin paternales referencia del abismo
herejes del amor sin entendimiento ni paraíso,
suplicio inmaduro de maduros frutos y silencios,
los que se saben sin conocerse, los que se enredan
sin liarse, los que se conocen sin llegar a saberse
aquellos que ya conocidos, se sienten para no tocarse,
o se tocan sin saber que conocidos se sienten,
así tu cuerpo de ansiosa indiferencia, tu razón violenta,
la cúspide de tu aroma entre blanco esperma.

Vengan los banquetes crapulentos en tiempo de célibe hambruna
los licores más baratos y más rijosos en momento de sequía,
venga el reino de los santos para el cadáver que habitamos,
el alado sentimiento que sin alas nos mantiene disipados,
venga el regocijo sin culpa, el sonido sin piedad de vida,
el hartazgo, el vicio de sabernos a escondidas escondidos,
la catarsis y el espasmo, el orgasmo sin pretexto de salida,
vengan los Edenes, las pasiones, el amor sin mis amores,
la culpa sin culpables, las salivas sin sabores, las rabietas
los amenes sin perdones, los hocicos, las miradas, las quimeras,
los bufones, el momento de encontrarnos, de perdernos,
de mirarnos, de suplirnos y no acordarnos, de marchar...

Venga a nosotros vil reino, hágase tuya mi voluntad,

igual ardemos en tierra, igual ardemos de infiernos.

CUENTA-CUANTOS