5 sept. 2014

UNA AMOR QUE NO ES PARA COBARDES (HOMENAJEANDO A RIMBAUD)

He temido a los aullidos, pero no a los motivos del lobo,
a su rededor la nieve se dispara mientras la muerte se disipa,
y el trono del mundo o de su fin se le entrega a este loco
con una parte de cicuta y dos tantos de ajenjo y mirra,

Nunca es vergüenza batallarse en el hocico de un hombre,
con olor a tabaco viejo y vino naciente del simiente propio.

Sí perdí la ventura es porque ésta me abandonó de nacido,
cuando se decía que Dios era Verbo y no la ausencia del mismo,
el profeta no ha cumplido su parte con el fiero destino,
la mujer ha dejado las bragas húmedas y corre libre,
fuera de las fauces, lejos del cuerpo hambriento del lobo embravecido.

Ahora me voy sin querer que a mi travesía me sigas de sombra,
a pasos raudos y el hígado desbocado, lleno de lo nuestro,
emasculando mis últimas letras y lo que me quedaba de cuerpo
en medio de estas piernas, jamás tuyo, siempre del averno.

Toma de mi mano esta poesía que es canalla, que ha acabado,
se va como ave blanca, como paloma de luto y encuervada,
sin un final que no sea en tu boca y un principio encima de tu espalda.



CUENTA-CUANTOS