8 may. 2012

YO ESTABA EN LA PIEL


Era cuestión que te viera a distancia desconocida,


para quebrar lo tabúes que marcan la tirada,

tú, cristal avellanado, corriente insólita,

yo, acero callado, manantial Dionisio, agonía leal,

quisiera consternar la mirada, comer tu rutina,

cambiar mi nombre por pertenencia tuya a momentos,

jugar y ser ladrón de tu candor malicia,

entregarte la curvatura que me creo y destruyo

cuando los martes musito cualquier parte de tu piel,

soberana libertadora de imágenes tangibles,

con el alma en la boca te entrego los besos



Eres tú en la marca que de noche aplico,

la sonora caricia con que sueño y despierto árido,

imagíname clavado en tus manos como

estigmas de tu más puro miedo, abrazándote lento,

disipándote despacio, liándote a encontrar la locura,

guiándote directo a pronunciar mi nombre a ojos cerrados.



Violetas y Jazmines en actos inconclusos,

en pasionarias clandestinas y de misterio distintas,

no pasará de un amor efímero y fugitivo,

que nos encuentra con la necesidad de volver a las estrellas,

de sortear el vuelo a un horizonte violento, rijoso,

la memoria será sólo un acuerdo que se mute en la unión.



De pronto la inestabilidad volátil del pulso,

se quiebra la voz y quedo atónito,

un ente estático y perturbado por lo mirado,

por lo que juega frente a él como perfección.



He intentado entender la belleza que te sujeta,

la templanza que te marca como única,

como perla encaminada a lo celeste.

estás inquieta y muerdes tus comisuras,

quisiera poder evitarlo.



Aquí estoy, pendiente, buscando en tus secretos

una oquedad en la cual postrar mis labios.







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