7 may. 2014

GEBRYDGUMA

Ella, mujer, la mujer del incendio, la de pasos raudos,
caminé sus piernas, el enigma del que sabe o pretende
si es que alguna vez se puede saber y no pretender,
es la mujer, dicho para mí era, ahora y antes de otro,
fue una curiosa cosquilla de un corazón rascado,
un galimatías de nombre querella, tuvo tanta saliva,
tuve tanto recuerdo, ahora camino a la Castañeda,
no sabía cuando llegaba pero si cuando me iba de la tierra.

En ocasiones era ella ese lugar de la mancha de cuyo
nombre no quiero ni acordarme pero sin duda la quiero,
y la mente lúgubre o loca se pregunta si hermanos tengo, 
si no de sangre, de su tiempo, el de ella peregrina,
el de ella rijosa, clandestina, amante a escondidas,
y del rojo fulgor de su roja boca también conflicto,
también ahora sangre del pecho a la ropa, te fuiste,
y en un pretérito con alguien te fuiste, siempre andas,
igual te quiero sin esperarte, sin preguntas incómodas,
sin pasados o futuros que revienten hasta este ahora.

Siendo tú la mujer más dulce de Dioniso,
el bastión más sabio de duendes y Perseos,
me has clavado a la endemia de tus hombres,
al fuego interminable de todos los dioses,
siempre pensaré, en ti como Narciso sin tiempo,
en el punto débil que me buscas y me encuentro

destripado y aturdido, de ti y ahora aún sediento.

No hay comentarios:

CUENTA-CUANTOS