12 mar. 2013

A TU PARTIDA



Te digo que me duele mientras señalo con el índice derecho el lado izquierdo de mi pecho, no dices nada, me das un beso y acercas tus labios aún cubiertos, me presionas en tus brazos ya desnudos, me clavas en tus ojos ya cerrados, ahora ya no duele sólo arde… violenta y dulcemente.

La tarde sin ella,
la ventana fría,
la cama sucia,
¿me ves ahora?
¿me piensas siempre?
¿sabes qué sucede?
yo no lo sé…


Me nombro verdugo propio,
amente suicida, sin boca.

Te dejé con las manos limpias, quité antes de la partida mis estrellas, apagué las auroras para que viajaras en paz, sin que encontraras en tu camino nuevo y santo unos labios que te añoran (aún), una voz que musita serena canciones que no existen, versos que no te nombran y suspiros que te buscan y naufragan en el alma.

Ahora, otros son los besos,
muchas son las manos,
el corazón se desequilibra,
no acepta la distancia
pero si el nuevo encuentro,
no contigo, sólo audaz,
efímero romance de tacto,
no eres tú lo acepto,
aunque siempre he sido yo,
lo admito…


Al amanecer nuevo, fulgura la tragedia corta, la historia reventada, la humedad del escombro y el recuerdo, cuando acabes el camino y regreses la mirada a la senda, sonará un réquiem no por mi muerte, por lo que fuimos y de un momento a otro dejamos de ser… yo no lo sé.

Foto: Marváz
Texto: Agathokles

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