20 ene. 2016

NO SOMOS, NO ESTAMOS




NO SOMOS, NO ESTAMOS (RADIO UNAM AGOSTO 2015)

Y si el amor supiera algo de nosotros igual estaríamos muertos.

Crees que la casa está calma y no te llora cobarde como mi esqueleto,
correr no me basta, tampoco gritar dónde estabas, huías de la intemperie,
debiste aguardar a que pasara este vendaval para no fragmentarte
para fugarte completa y llevar contigo la sarta de recuerdos salvajes,
te reflejas pronta a la imagen del amor efímero, poco importa ahora,
llevas descalza la mitad de nuestro tiempo, apestas a tabaco ajeno,
te escapaste en esos fragmentos y no te importaron tus motivos de loca,
nos jurábamos juntos porque no habría otra forma de fastidiarnos la vida,
ahora vuelves sólo para arrancarme cualquier rastro que diga de lo tuyo,
hablas de nuevas vidas y caminos de flores que te consienten al paso.

Ahí están tus guantes para el invierno y las medias sucias
y las rotas y las que saben que es hora de que te largues
sin despedirte, las que se han rajado solas porque no te toco
desde hace semanas, cuando dejó de palpitarte el pecho,
cuando tu espalda era el beso y esté arma de alta traición,
el día que tu corazón se detuvo para mirarme a los ojos,
y mandar a la mierda la mitad de nuestro pasado,
la otra mitad pasabas con las bragas húmedas igual que los ojos,
cuando amábamos como bestias bravas y compartíamos la rabia.

No sé si fui yo al que mataron
o fui la bala que salió a matar,

Justo sonó el despertador programado a tu llegada,
fatigada de las manos,  como si llevarás agua bajo las faldas,
y tu boca y tus piernas y toda el alma huelen a viento,
y a catástrofe, a incendios descontrolados, a paraísos descoloridos
te he mirado a detenimiento y estoy seguro que hiedes a culpa,
mira estas palmas igual de putas sudan y sangran sin detenerse,
y la cargada que llevo por amor se ha venido en vano,
se acabó la luz del siglo que juramos después de invadirnos,
era tu sexo como un Dios perenne que no sabía de la carne
era una magnolia en la que discutía horas enteras sobre el milagro,
y tú lactabas hasta borrar el blanco de mis ojos, era tu sitio, lo fue.

Cuando el amor vino por nosotros ya estábamos muertos.


No hay comentarios:

CUENTA-CUANTOS