8 dic. 2008

CUENTERO




“Vestida de blanco”

De pronto se despertó impactada por la curiosidad ambigua de su sueño, tomo el libro de jerarquías en la que coincidía consigo misma sobre la priora actitud de ese vago sueño.
Con temor unísono se metió en las sucias sabanas testigos de un pasado encuentro corporal bañada hasta la superficie matinal de un día no lejano, los artríticos ruidos de esa penumbra despertaban aun mas sus miedos, la promiscua sensación de presencia ajena partió de la habitación escalofriante hasta la cocina, el cuchi yante ruido de la sopa no la dejaba tranquila –Mi hijo- gritaba mientras así aun recostada pedía desconsolada la esquizofrenia ayuda de las jeringas, bajó corriendo por las escaleras pegajosas de ese sudor helado que asentía ya varios días en el intacto hogar, la fatiga e insomnio, jugaban agobiantes en su rostro que desprendían a una mujer temida y llena de temores, -Mi hijo- gritaba una vez mas.

Así derrama mas las entrañas con su parodia de rugo a ese Dios que tanto maldijo, la morada que se postraba ante su vista, llevaba las paredes con escalofriantes y siniestros manchones y plantas sómbrales que disfrazaban el bajo mundo que parecía ser., el portal mas antiguo a los infiernos, calabozos y demás túneles.
Para ella el área de estar, era el recuerdo jubilo de las fantasías mas ásperas de su hijo que le pedía las tijeras para cortar las manos de su muñeco de estambre, por que se aferraba a que el era el que le robaba el alma, De pronto en sueños se despertaba a media noche para abrasar a su madre, pero la rienda no es sobre el si no sobre ella, la misma que tiesa miraba tajantemente la tarja, aterrorizada pedía la ayuda para sacar la cabeza del cachorro que estaba atorada en aquel orificio ella miraba mientras los coágulos corrían drenados hasta la parte inferior del mueblan que soportaba la basta tarja, bañados los pies por el colorado liquidito.

Un suspiro siguió con ella al averiguar después de mirar algunas fotos en el desván la callada sombra que se acercaba tentadamente a la tortura, parada ahí con un arqueo y un golpe tendió a aquella nada que pretendía atacarla mas asustada aun cayo al suelo, los alaridos emanados por su garganta erizaban mas aun la piel de las personas.
Desde afuera los doctores miraban y asían anotaciones de aquella mujer de blanco que se retorcía en el suelo gritando frases en las que se podía escuchar entre blasfemias-Mi hijo-.

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